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Abstract

En los países donde el aborto inducido está legalmente restringido, como en la mayor parte de América Latina, la evaluación de las estadísticas relacionadas con los abortos inducidos y la mortalidad relacionada con el aborto es un desafío. El presente artículo reexamina informes recientes que estiman el número de abortos inducidos y la mortalidad relacionada con el aborto en México, con especial referencia a la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE). Encontramos sobreestimaciones significativas de las cifras de aborto en el Distrito Federal de México (hasta 10 veces), donde el aborto electivo es legal desde 2007. Sobreestimación significativa de la mortalidad materna y relacionada con el aborto durante los últimos 20 años en todo el país mexicano ( hasta 35%) también se encontró. Es muy probable que estas sobreestimaciones se deban al uso de registros hospitalarios incompletos, así como a encuestas de opinión subjetiva sobre las cifras de abortos inducidos, y a la consideración de causas de muerte que no están relacionadas con el aborto inducido, incluidos los denominadores defectuosos de los nacidos vivos. A diferencia de publicaciones anteriores, encontramos avances importantes en la salud materna, reflejados en la disminución de la mortalidad materna global (30,6%) entre 1990 y 2010. El uso de códigos específicos de la CIE reveló que la tasa de mortalidad asociada con el aborto inducido disminuyó en un 22,9% entre 2002 y 2008 (de 1,48 a 1,14 muertes por 100.000 nacidos vivos). Actualmente, aproximadamente el 98% de las muertes maternas en México están relacionadas con causas distintas al aborto inducido, como hemorragia, hipertensión y eclampsia, causas indirectas y otras condiciones patológicas. Por lo tanto, solo se esperarían efectos marginales o nulos de los cambios en el estatus legal del aborto sobre las tasas generales de mortalidad materna. Más bien, la salud materna en México se beneficiaría enormemente de un mayor acceso a la atención obstétrica especializada y de emergencia. Por último, es evidente que se requieren metodologías más fiables para evaluar las muertes relacionadas con el aborto.