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¿Detectan los registros vitales oficiales de muerte materna los efectos de nuevos virus pandémicos?

Un experimento natural realizado durante la pandemia de H1N1 de 2009, reveló que los registros vitales de nacimientos y de muertes maternas en Argentina, han alcanzado la suficiente sensibilidad para detectar efectos específicos de nuevos virus pandémicos durante el embarazo, parto y puerperio. Los resultados son relevantes para la vigilancia epidemiológica de otros virus emergentes en la región, incluyendo el SARS-CoV-2.


Los virus emergentes pueden afectar negativamente la salud de las mujeres, generando un aumento tanto de las complicaciones como de las muertes durante el embarazo, parto y puerperio. Así lo demuestra un experimento natural de población durante la pandemia de influenza H1N1 de 2009 y realizado sobre la base de los registros vitales argentinos de muerte materna. La investigación fue publicada en The Lancet Regional Health – Americas.


En este estudio colaborativo, liderado por el Dr. Elard Koch, epidemiólogo senior de MELISA Institute (Chile) y conducido junto a un equipo de investigadores afiliados a centros académicos de Argentina, Perú y Chile, se utilizó una serie de tiempo de 38 años de los registros vitales argentinos para evaluar la tendencia de la razón de mortalidad materna (número de mujeres que mueren año a año durante el embarazo, parto y puerperio por cada 100 mil nacidos vivos), por causas específicas antes, durante y después de la epidemia global causada por el virus de la influenza H1N1 en 2009.


De acuerdo al Dr. Koch, es sumamente importante conocer la sensibilidad de los registros vitales de nacimientos y de muerte materna para descubrir los efectos dañinos de un nuevo patógeno sobre órganos o sistemas específicos, etapas del embarazo, enfermedades concomitantes y, últimamente, sobre la descendencia. “En las últimas décadas los registros vitales han mejorado, confirmando una reducción de la mortalidad materna en la mayoría de los países de América Latina. Sin embargo, no está claro si esta mejora se tradujo en una mayor sensibilidad para detectar efectos específicos de pandemias desencadenadas por nuevos virus”, enfatizó el epidemiólogo.


A diferencia de los experimentos aleatorios o los ensayos clínicos, en los cuales los investigadores tienen el control total de la intervención, los experimentos naturales de población usan largas series de tiempo interrumpidas (STI) para capturar el efecto de un factor causal evaluando las tendencias de mortalidad subyacentes, antes y después de la introducción de un evento exógeno que afecta a toda una población. Por eso, este tipo de diseño es ideal para cuantificar los efectos de nuevas políticas públicas o desastres naturales como las epidemias desencadenadas por nuevos virus.


Sobre la metodología empleada, para María Elena Critto, investigadora doctoral de MELISA Institute y primer autor del artículo, ante de la actual crisis de salud pública provocada por el SARS-CoV-2, la pandemia por influenza H1N1 de 2009 proporciona la experiencia epidemiológica más reciente para evaluar si los registros oficiales del Ministerio de Salud de Argentina poseen la sensibilidad suficiente para detectar efectos específicos de un patógeno emergente sobre la salud materna. “Los resultados obtenidos no solo identificaron un impacto significativo y transitorio de un virus pandémico en la salud materna, sino que además nos confirma que los registros vitales argentinos pueden ser utilizados para investigar efectos específicos del actual brote de SARS-CoV-2 y de cualquier otro patógeno emergente en el futuro”, agregó la investigadora.


El estudio confirmó lo que se conoce como “transición obstétrica”, que se caracteriza principalmente por un cambio en las causas de muerte dominantes, pasando de causas obstétricas directas a causas indirectas. De hecho, se identificó una reducción del 58.6% en la mortalidad materna total durante los 38 años estudiados. Las principales causas de muerte materna que contribuyeron a esta disminución fueron las hemorragias (10.2 a 2,3 por 100.000 nacidos vivos, 77.7%) y el desenlace abortivo (desde 24.5 a 4.3 por 100.000 nacidos vivos 82.6%). Sin embrago, se observó un aumento de las causas indirectas (2.6 a 7.7 por 100.000 nacidos vivos, 197%) por comorbilidades no relacionadas con el embarazo, que incluyen enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, insuficiencia renal y otras afecciones crónicas.


Los datos argentinos son consistentes con estudios recientes conducidos en Chile, México y Brasil, proporcionando un excelente ejemplo del progreso en la reducción de la mortalidad materna en América Latina durante las últimas décadas. El desafío ahora es prevenir las muertes por enfermedades crónicas que complican el embarazo y que son cada vez más frecuentes debido a la postergación y el envejecimiento acelerado de la maternidad en la región.


Para Adolfo Etchegaray, investigador especialista en medicina materno-fetal de la Universidad Austral, la investigación muestra claramente un cambio de escenario en cuanto a las causas específicas y desafíos de morbimortalidad materna. “Es importante que esta información sea tenida en cuenta por los tomadores de decisiones como punto de partida para priorizar las estrategias y políticas de salud públicas que apunten a la prevención primaria sobre esta población para los próximos años”, remarcó el especialista argentino.


Efectos mortales específicos, pero transitorios


Uno de los hallazgos más relevantes del estudio, es ilustrar como un patógeno pandémico es capaz de tener efectos mortales muy específicos, abruptos y transitorios sobre la tendencia histórica de la mortalidad materna de un país.


En el periodo estudiado (desde 1980 a 2017), se registró un punto máximo en la razón de mortalidad materna Argentina durante la pandemia por influenza H1N1 de 2009, para luego volver a descender de forma acelerada. “La mortalidad materna total venía cayendo a un ritmo constante de -0.94 por cada 100.000 nacidos vivos, se invirtió abruptamente en 2009 con un aumento de 12.74 por cada 100.000 nacidos vivos y luego retomó una tendencia decreciente”, comentó Yordanis Enríquez, PhD e investigador de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (Perú), quien realizó los análisis estadísticos de ITS.


Al analizar las causas específicas de mortalidad, los investigadores se dieron cuenta de que el aumento de la mortalidad materna se restringió casi exclusivamente a complicaciones respiratorias y sepsis, sin afectar otras causas de mortalidad. Dr. Koch explicó que, gracias al avance y desarrollo de los antibióticos, la muerte materna por sepsis durante el embarazo es cada vez menos frecuente, pero el virus pandémico H1N1 tuvo un claro y significativo efecto regresivo en este tipo de complicación. “Durante el embarazo, los cambios fisiológicos e inmunológicos predisponen a la gestante a infecciones sistémicas que pueden agravarse con la influenza, la que a su vez es más frecuente y de mayor riesgo durante el embarazo”, remarcó el epidemiólogo.


Respecto a la relevancia del estudio para la vigilancia epidemiológica del actual virus pandémico SARS-CoV-2, los investigadores coinciden en la importancia de investigar los daños específicos de este coronavirus en la salud materna. "Es importante establecer si el nuevo coronavirus pandémico también puede estar aumentando la mortalidad materna por sepsis y otras comorbilidades crónicas no respiratorias y saber si estas complicaciones son propensas a variantes endémicas con el tiempo", explicó la investigadora Ruth Weinberg, médico especialista en ginecología y obstetricia de la Universidad de Buenos Aires.


En la actualidad existen reportes de un aumento de la mortalidad materna en México y Brasil aparentemente relacionada con la actual pandemia de COVID-19. “A diferencia de la pandemia por el virus H1N1, el nuevo coronavirus pandémico SARS-CoV-2 parece provocar complicaciones no sólo restringidas al sistema respiratorio; nuevos estudios pueden aportarnos mayor conocimiento de sus efectos específicos durante el embarazo, parto y puerperio”, resaltó el Dr. Koch.


Finalmente, María Elena Critto señaló que se necesitarán mayores esfuerzos en la atención temprana organizada para prevenir muertes maternas y monitorear el impacto de los virus pandémicos emergentes en las mujeres durante el embarazo. “En el caso de Argentina, el registro de mortalidad mostró una calidad aceptable para reflejar cambios muy específicos en la MMR causados por un brote infeccioso emergente, por lo que el registro puede ser útil para evaluar los efectos específicos de la pandemia de SARS-CoV-2 en curso y cualquier otro brote infeccioso emergente en el futuro”, concluyó la investigadora.

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